jueves, 29 de mayo de 2008

GUERRA, MEMORIA E IGLESIA

A propósito de la tragedia humana del Siglo XX (Dos guerras mundiales):
La dinamización de la memoria humana (sentido antropológico) y el memorial de Jesús: las exigencias de sentidos para la Iglesia de los umbrales del Siglo XXI (perspectiva teológica)

Abstract:
Lo siguiente es un ensayo, espontáneo, libre y reflexivo, de lo que significó para mí leer la tragedia humana del siglo XX y las actitudes de la Barca de Pedro en la misma. Por tanto, es un ensayo a nivel general de los sentidos y las exigencias de la historia para la reflexión humana y religiosa hoy, en este caso, la reflexión cristiana. De allí estriba la fundamentación de este ensayo. Son básicamente dos puntos a desarrollar: 1. La Dinamización de la memoria humana para el ser humano y la historia (sentido antropológico); y 2. La reactivación del memorial de Jesús para la Iglesia del Post Concilio Vaticano II y de los umbrales del siglo XXI: repensar lo humano desde el humano por antonomasia: Jesús de Nazaret.


1. Acercamiento antropológico: La nueva Auschwitz: la depreciación de la memoria histórica

Acercarnos al pensamiento histórico desde las dimensiones fundamentales del ser humano es indagar por las razonabilidades últimas por las que es capaz de dar de sí posibilidades para fundar experiencias nuevas: las posibilidades llevadas a su máxima expresión por la racionalidad moderna concluyen con la realidad histórica de las dos guerras mundiales del siglo pasado. Históricamente emerge una nueva época y filosóficamente es la caída de los grandes metarrelatos del siglo de las luces. A como lo expresaría Casaldáliga con un tono más profundo: el siglo XX convirtió a la modernidad en fracasada.

Hoy tenemos más conciencia histórica, cultural y ética de que tenemos que habérnosla con lo real y hacer la vida (la consumación de un proyecto), pero hoy más que nunca, sabemos que tanto la vida personal y comunitaria, como la morada humana, están en peligro. La tan nombrada paz política como razón utópica de la realización ineludible de un nuevo orden, la guerra es uno de los totalitarismos que pretende llevar a cabo el sentido sacrificial de la existencia humana, es decir, matar a otro y a otros. Ya no estamos en el concurso explícito de las metrallas y de las bombas atómicas pero si en una situación peor: estamos en el mundo donde las guerras y las masacres son legitimadas racionalmente, en otras palabras, la paz del siglo XXI, pretendida por los detentores del poder es la guerra que permita acabar con los sobrantes de las humanidad, con los basureros humanos. Es decir, con los Terceros Mundos. La dinámica mundial hoy es el olvido del pasado y pensar sólo en el presente. Olvidarnos de las tragedias humanas y aletargar las conciencias humanas.

El hambre, la guerra, la desaparición sistemática de sujetos históricos y rostros resistentes y esperanzados, al parecer están venciendo toda resistencia humana, toda libertad, toda imaginación. Por tanto, lo que se desprende de esta realidad es saber que estamos en tal situación (ubicación histórica); la libertad y responsabilidad, y la imposibilidad del asesinato, de la desaparición entre seres humanos exige de una realidad axiológica (ética) que no se pregunte por la ontología última del ser humano, como causa primera, sino que se encare y se encarnice con la manifestación del estar humano, en situación de gerundio, el estar siendo éticamente. Vivimos en medio de la inhumanidad, de lo infrahumano y como seres humanos de no sentido. Quizá esta sea una consideración ineludible para la experiencia de la Iglesia hoy al hacer sus análisis en el mundo donde está inserta.

Vivimos en la civilización de la dinamización del olvido sistemático de toda experiencia que forme parte de nuestro pasado originario. Sin embargo, la memoria personal y colectiva resulta ser el lugar histórico interpretativo para la comprensión de lo que somos en el presente y nuestra visualización del futuro, reactualizando las posibilidades primigenias. Se exige erigir la memoria como ese tallo que lucha contra la desertificación de los recuerdos dinamizadores del pasado. No podemos perder el sentido de nuestro pasado fundador, de nuestro presente constructivo y de la posibilidad de poner las bases fundamentales de nuestro futuro histórico y transhistórico. Como diría Antonio Machado en unos de sus poemas: el hombre habita poéticamente la tierra y para ello se construye una morada que es la memoria. La cultura del olvido está siendo la estructura de la desvalorización de la memoria, de la deconstrucción de la imaginación como esa visión no conforme con el orden establecido de la realidad y de la no apuesta por la esperanza con sentido. Vivimos en medio de la preocupación extrema por el presente, la fugacidad de las experiencias y la laxitud de la comprensión de la racionalidad motora del presente y de lo que pudiese ser el futuro. En definitiva, estamos entre la hora de lo efímero pero también en el umbral de la construcción de la historia desde el reconocimiento de la complejidad, la urdimbre simbólica en la que vivimos y la apertura a una nueva manera de pensar la trascendencia.

De fondo nuestra situación pasada, la situación vivida en el siglo XX, si todavía está en la memoria histórica de los seres humanos hoy, nos está recordando cuál es nuestra situación y cuál puede seguir siendo. En pocas palabras, y asumiendo muy hondamente lo que expresa Imre Kertész1, el siglo XX convirtió al soldado en asesino profesional; la política en crimen; el capital en una gran fábrica equiparada con hornos crematorios y destinada a eliminar seres humanos considerados mierda, considerados el anus mundi; la ley, en juegos sucios; la libertad universal en la cárcel de los pueblos; el antisemitismo en Auzchwitz; el sentimiento nacional en genocidio.
Por tanto, no podemos quedarnos en el nihilismo de los perezosos, en el sin sentido de los mediocres, en la no – historia de Fukuyama y de sus seguidores, en el proselitismo de los detentores del poder de la curia romana, en la soberbia filosófica de los intelectuales, ni mucho menos en los optimistas de los granitos de arena.

La depreciación de nuestra memoria histórica y la ridiculización de la esperanza son fenómenos que nos tienen sumergidos en un letargo que nos hace soñar con el olvido, la ignorancia y con la cultura del todo da lo mismo. Estos fenómenos relacionados entre sí tienen como consecuencia la no preocupación por la construcción dinámica de nuestra identidad y de nuestra historicidad futura. Al parecer estamos en la emancipación del nihilismo cultural y religioso. Julio Quesada sintetiza esta emancipación de la siguiente manera: “el nihilismo no sólo entraña un nulo amor por la vida, falta de ayuntamiento propio del alma insatisfecha, inhóspita y novia filosófica de la muerte, sino también la cómoda creencia en la que nos vamos instalando: todo da igual. Hay que combatir nuestro espíritu de la pesadez”2. La memoria humana, las huellas históricas y las significaciones de los pueblos y de las culturas no pueden quedar en el olvido dado que la capacidad de evocación y de la significación de lo vivido y lo que está por venir son propias de la experiencia transformadora del ser humano en contexto.


2. Sentido teológico: la reactualización del memorial de Jesús y las exigencias para la Iglesia de los umbrales del siglo XXI: repensar lo humano

“Frente a la guerra, los católicos tuvieron diferentes actitudes que varían de una nación a otra y vivían una situación muy particular porque en algunos países eran vistos como enemigos del Estado”3.

No quisiera sacar esta frase que tomé como epígrafe de parte del ensayo de su contexto literario, sin embargo me permito utilizarla para dar con los sentidos que se le exige a la Iglesia del post Concilio Vaticano II ante la realidad del mundo donde se encuentra inmersa. La Barca de Pedro que históricamente a caminado entre avatares, desaciertos, aciertos no puede ser en el aquí y el ahora una fugitiva del mundo sino una peregrina de la historia. La Iglesia no está llamada a ser enemiga de nadie, y si lo pensamos como posibilidad de enemistad con alguna realidad, sería precisamente pensarse como enemiga acérrima del olvido sistemático de las realidades del mundo y de su raíz carismática y fundadora: del olvido de Jesús.

Ahora se hace necesario para la Iglesia del siglo XXI repensar lo humano al estilo de Jesús. Repensar lo humano significa, globalizarlo. El ser humano tiene las posibilidades de reactivar la memoria, de volver la mirada atrás de de buscar sentidos distintos y alternativos a los vividos en el pasado. Posibilidades que leídas desde la humanidad de Jesús, las llevaría a plenitud.
Esto implica un esfuerzo por la conformación y el reconocimiento de seres humanos plurales pero que luchan por una realidad hecha común: por la humanización de la humanidad.

Repensar lo humano es también reconocer la integralidad del mismo, reconociendo sus vulnerabilidades históricas. Esto desde Jesús es reconocer su carnalidad (sarx/basar), es decir, reconocer una humanidad débil, sin poder y sin gloria. Es la condición humana de todos nosotros. De allí la necesidad de descubrir el valor profundo de las personas. Es el ser humano que promete desde el corazón, desde las entrañas y desde la voluntad, como lo hizo Jesús.

Recuperar lo humano es reconocer que Dios está dentro de nuestra condición. Vivir humanamente, que es combatir en la cotidianidad existencial contra la indigencia, la injusticia. Repensar lo humano, es tener conciencia de la realidad personal, conciencia de la realidad social, conciencia de la realidad ecológica, conciencia de la trascendencia. La Iglesia no puede obviar estas realidades, ya que ella misma, es una realidad humana y está llamada a ser humanizante. Repensarse la iglesia de esta manera es ir en busca de su identidad más profunda y originaria. Sin embargo, repensar lo humano también tiene otros desafíos para la Iglesia. Y lo expresaré con las palabras últimas de U. Patiño, “el panorama presentado sobre la Iglesia del post Concilio Vaticano II – y de los umbrales del siglo XXI – tiene dos grandes desafíos; uno en occidente, frente a laicismo, la indiferencia religiosa y el consumismo; otro, en oriente, donde debe volver a educar a los viejos y educar a los jóvenes en los principios cristianos. El vaticano II – y la Iglesia del tercer milenio – permanecerá como faro que ilumina la Iglesia con capacidad de dar una respuesta con el Evangelio de siempre al hombre de hoy; en este campo es la historia la que ayuda a comprender mejor los problemas del presente y encontrar el camino justo para evitar, en la medida de las posibilidades, las amargas experiencias del pasado” 4.

Esta es la exigencia para la Iglesia hoy: repensar lo humano. Y repensar es ante todo recuperar la memoria. La memoria de donde brota su identidad. Recuperar su identidad y vivir cristianamente y humanamente. Para esto, es necesaria la consecución real, procesual e histórica, desde Jesús y desde el Dios de Jesús, del proyecto del reinado de Dios. Que no es otra realidad que la construcción de una comunidad humana alternativa, que genere un nuevo orden de relaciones personales, sociales, culturales y religiosas, que ayuden a transformar el contexto de situación de la realidad eclesial y de la realidad del mundo. Este proyecto exige una estructura eclesial: comunitaria, alternativa, circular y libre. Es la constitución de la comunidad de los salvados, de la religión de la libertad de Dios y de la legitimación de la misericordia y la justicia, y no de la religión oficial y legitimadora del poder opresor. Es la comunidad fundamentada en el Dios que puede salvar, el Dios que pone en tela de juicio las esclavitudes, la depreciación de la memoria y los terrorismos.


























3. Bibliografía Utilizada

____QUESADA J., La belleza y los humillados. Pidiendo un Sísifo ilustrado, Editorial Ariel, Barcelona 2001, pp. 82.

____URIEL J., Historia de la Iglesia. La barca de Pedro frente a las tempestades ideológicas: del enfrentamiento al diálogo. Siglos XVI – XX, San Pablo, Bogotá 2004, pág. 291 – 292.

EL JANSENISMO


Introducción:
Para la elaboración del siguiente trabajo profundizaré en el Jansenismo teniendo en cuenta algunos de sus antecedentes. Es importante destacar la serie de cartas o correspondencias de Jansenio para con sus allegados y colaboradores.

«Correspondencia de jansenio con Vager de Saint-Cyran (Lovaina, 1654). Viaje de Jansenio a España. Carta de 2 de Julio de 1626; dice que trabajaba con éxito. Carta segunda: exhorta a Saint-Cyran a venir a España. “aquí hay muchas formalidades para imprimir la mejor hoja de papel, y difícilmente se puede huir de las manos de Pacubio” (el jesuitismo). Tercera, 4 de Febrero de 1627. Imposible publicar el escrito de Saint-Cyran en Madrid, so pena de reformarle, de tal modo, que perdería su fuerza. Desde Lovaina, Abril de 1627, escribe que ha trasladado de su letra algunos ejemplares del escrito, y que los difundirá por España. Proseguiremos enlazándonos más fuertemente con las personas de España”. 16 de Julio de 1627: “toda la tempestad de España, que no es pequeña, se me ha atribuido”. Lovaina, 31 de Diciembre del mismo año: Jansenio, en Salamanca, hospedado en casa del Dr. Brasilio de León. Huye de España por temor de que le prendan». (1)

Ahora el autor (2) deja ver como san Agustín se convirtió en una víctima más entre la batalla de jesuitas y jansenistas del siglo XVII, y la confrontación de la gracia divina con el albedrío humano. Esto es lo que trataré desarrollar a continuación.

1. Gracia y documentos:
Gracia: interna, externa, habitual, suficiente, eficaz, justificatoria, actual, incongruente, perfecta, imperfecta, preparatoria, estimulante (exitans), irresistible, versátil, equilibrada. Gracia: de adopción, de regeneración, de habitación, de sensatez, de medicina (3) . Es una lista de adjetivos y nombres utilizados en las polémicas teológicas de los siglos XVI y XVII, para identificar las diversas clases o factores de la gracia divina.

Esta lista al parecer, quiere mostrar una gran batalla defensiva y ofensiva, pero en todo esto el núcleo del problema es bastante sencillo, en la medida que algo puede ser sencillo en teología, y de difícil comprensión.

En los siglos posteriores a la reforma, la Iglesia católica promulgó un sinfín de documentos doctrinales que trataban las cuestiones de la gracia divina, la predestinación, el libre albedrío, y el papel de la voluntad humana en la condena o salvación de las personas. “Los más importantes son: la bula Exsurge Domine (1520) que condenaba 41 fórmulas heréticas y escandalosas de Martín Lutero; los decretos de la quinta y sexta sesiones del concilio de Trento (1547); la bula Ex Omnibus Afflictionibus (1567) que condenaba 79 declaraciones de Michel de Bay (Bayo); la bula Cum Occasione (1563) que condenaba 5 declaraciones atribuidas a Cormelio Jansen; y la constitución Unigenitus (1713) condenando 101 fórmulas de Paquier Quesnel” (4). Este es un problema bastante tratado, en lo que se refiere a términos teológicos, que separó entre sí todas las iglesias, sectas y escuelas en Europa.

Dentro de esto encontramos los seguidores de Jansen. Los jansenistas rara vez se llamaban a sí mismos “jansenistas”. Nombre creado al principio de la controversia, por sus enemigos jesuitas; este nombre sugería una especie de nueva secta establecida por un teólogo recientemente fallecido.

Los seguidores de Jansen se llamaban a sí mismos discípulos de Agustín. Insistían en que ninguno de ellos ni Jansen no tenían nada nuevo que decir. Por otro lado argumentaban que la doctrina molinista era una innovación en la Iglesia católica. Para los jesuitas fue incómodo que los jansenistas invocaran la autoridad de Agustín y en la mayor parte se propusieron evitar el tema. Los jansenistas invocaran la autoridad de Agustín y en la mayor parte se propusieron evitar el tema. Los jansenistas se mostraban firmes cuando decían que eran fieles a las enseñanzas agustinianas, y sus sospechas sobre la presencia de errores pelagianos en la teología jesuita.

2. El Augustinus:
El Augustinus de Jansen apareció en Lovaina en 1640, dos años después de la muerte del autor. Resulta difícil encontrar una fecha exacta que de la pauta del nacimiento del jansenismo. Por otro lado es interesante el abad de Saint-Cyran, a este lo arrestan con órdenes de Richelieu en Mayo de 1638, con el pretexto de un error doctrinal en la atrición, fue importante porque aparece una y otra vez en los escritos jansenistas. Aquí existía una conexión doctrinal y psicológica, pero no convincente con la predestinación y la gracia. Una vez publicada la Fréguente Communión, de Arnauld en 1643, es cuando se puede hablar de un movimiento con conciencia de tal.

El Augustinus, el mágnunm opus de Jansen, es un tratado teológico extenso, en tres volúmenes: en el primero trata de la herejía pelagiana; el segundo la gracia concedida a la primera pareja en el paraíso y el estado de la naturaleza caída; el tercero “la gracia de Cristo el Salvador”. En todo se encuentran herejías especialmente en el último.

No es necesario hacer una descripción de todo lo que sucedió durante los casi trece años, entre la impresión del Augustinus y la bula papal. El primer intento decisivo de obtener la condena oficial de Jansen se dio en Julio de 1649, cuando Nicolás Cornet, alumno de los jesuitas y su reputación de ser criado de los mismos, intentó iniciar a la Soberana a condenar cinco declaraciones que él atribuía a Jansen. Pero no lo lograron a pesar de las influencias, entonces les tocó a lo obispos que estaban contra Jasen, enviar una carta colectiva a la Santa Sede, logrando el apoyo al afirmar que sus ideas se difundían, procedimiento que resultó eficaz. La condena de Jansen podía parecer un accidente, porque fue casi impuesta al Papa, que no era teólogo.

Desde el inicio la estrategia jansenista se basó en primer lugar, en probar que loas cinco declaraciones habían sido arbitrariamente maquinadas por Cornet u otros molinistas, y que estas no se podían encontrar en el texto de jansen (excpto la primera declaración, y ésta, según reivindicaban, había sido alterada por sus detractores para ajustarse a sus siniestros propósitos); en segundo lugar, sostenían que tal y como estaban expresadas las declaraciones, resultan ambiguas y pedían ser interpretadas tanto en u sentido ortodoxo como en un sentido herético; y en tercer lugar, insinuaban que el objetivo de los jesuitas era conseguir la condena de san Agustín con el pretexto de estar condenando a Jansen (5).

Arnauld argumentó que la constitución papal condenaba la herejía en los abstracto y no en sentido de Jasen. Hay que recordar que el libro ya había sido condenado en la bula In Eminenti de 1642, que fue acusar al autor no en lo dogmático, sino en el voto de silencio impuesto sobre los teólogos en los temas de la gracia y la predestinación, pero el mandato no había llegado a Bruselas y Jasen no podía ser tildado de hereje porque la condena fue póstuma, por lo tanto no afectaba su figura como autor, sino sólo su doctrina.

El autor de este libreto al que me he referido, “confrontó textos básicos (aparte d Agustinus). En primer lugar, una serie de obras de Arnauld que tratan sobre el tema; en segundo lugar, el ataque a Arnauld, en dos volúmenes obra de Pierre Jurieu, “el Papa calvinista”; y, en tercer lugar, dos obras del padre Franciscois Annat, el famoso polemista jesuita (y durante un tiempo, el confesor del rey y uno de los principales organizadores de las persecusiones). La discusión de las cinco fórmulas es uno de los temas principales de la obra de Jurieu, junto a una gran cantidad de injurias personales. Esta confrontación es instructiva, porque los tres hombres eran eruditos en teología y en la historia de la Iglesia, y a uno le resulta difícil imaginar que a cualquiera de ellos se le pudieran haber escapado cualquier punto histórica o teológicamente relevante que apoyara sus argumentos.

3. Las cinco fórmulas de Jansen:
Arnauld sostuvo que las cinco declaraciones que se tomaron en sentido herético son parte de la abominable doctrina calvinista y que esta oposición con lo que enseñó Jansen, pero si se leen con un sentido ortodoxo expresan la tradición agustiniana, que siempre ha sido la teología católoca por excelencia. Al lado opuesto está Jurieu, quien insiste que las declaraciones son agustinianas y refeljan correctamente el sentido de Jansen y que son calvinistas. Afirma además que Arnauld sabe muy bien lo que está en juego, aceptando la soteriología agustiniana-calvinista-jansenista, pero que por motivos de interés prefiere quedarse con la Iglesia papista, inventando (mala fidei) diferentcias que no existían entre Jansen y la fe reformada. Annat muestra su imparcialidad cuando muestra distinciones entre las doctrinas jansenistas y calvinistas, y opone las dos doctrinas al genuino dogma católico, ajustándose a las enseñanzas de Agustín y al sensus alienus, osea a lo que los jansenistas decían erróneamente era el objetivo de la bula.

Finalmente el problema se reduce a las paradójica dificultad de reconciliar dos dogmas del cristianismo: que dios es omnipotente y es imposible imaginarse que su voluntad pueda ser desbaratada por los hombres y que los hombres son responsables de su condena o su salvación.

Por esta razón plasmaré algo de las cinco fórmulas discutidas de Jansen. La primera fórmula: “algunos de los mandamientos de Dios son imposibles para las personas justas con los poderes que realmente tienen que desean e intentan cumplirlos; y carecen de la gracia con la cual los mandamientos serían posibles”. De esto se dice que Dios no ordena cosas imposibles, al contrario, proporciona a todos suficiente auxilio para hacer lo que él ordena. San Agustín lo afirma en numerosas citas: Dios no nos ordena hacer cosas imposibles, esto no quiere decir que se pueda obedecer cualquier cosa que él ordene únicamente con los poderes humanos. En este punto es importante mirar que la gracia no es negada únicamente a los infieles y pecadores, sino también a las personas fieles y justas que realmente quieren atenerse a las órdenes divinas: tienen voluntad, pero les falta el poder. Tienes que recibir ayuda para conseguir aquello que te propones. La gracia es la que hace que no solo tengamos voluntad para hacer lo correcto, sino que además podamos hacerlo.

De acuerdo con la doctrina de Agustín y Jansen, ningún acto puede ser realizado sin este tipo de gracia. Para Jurieu. Jansen confirma las enseñanzas agustinianas, aceptadas por la Iglesia reformada. Dentro de esto hay que distinguir cuatro doctrinas de acuerdo con Agustín, Jurieu y Calvino, las criaturas humanas después de la caída no pueden llevar a cabo ningún acto moralmente bueno, de compromiso con la ley divina, sin ayuda. De acuerdo con las enseñanzas pelagianas llevadas a su extremo, Dios nos capacita para hacer el bien, si así lo deseamos, De acuerdo con las enseñanzas semipelagianas de los jesuitas, necesitamos la gracia para hacer el bien, la gracia se da a todos y sólo necesita de nuestro libre albedrío para que sea eficaz. De acuerdo con Aquino, tenernos suficiente gracia para llevar a cabo buenas acciones por nuestra libre elección, pero esto no basta.

La segunda fórmula: “en estado de naturaleza caída, uno jamás se resiste a la gracia interior”. Los irresistible de la gracia divina es uno de los problemas decisivos de todos los argumentos que se refieren entre condición necesaria y suficiente. Es claro que después de la caída la posibilidad de hacer buenas acciones y la voluntad de llevarlas a cabo, además de su cumplimiento, son dones de dios. La gracia que se concede a algunos, es más poderosa y actúa proporcionando no sólo el poder de querer, sino la voluntad de hacer lo que podemos. La voluntad de está atrapada de tal modo por la gracia que casi no se puede decir que actúe. Tanto Agustín como Jansen, parecen claros en esta parte. Una vez Dios desea que un hombre haga el bien, su voluntad no se puede ver frustrada, no puede resistir a su gracia. La gracia infaliblemente supera siempre nuestra resistencia. Si la gracia es dada, hacemos el bien por necesidad, no existe término medio.

La tercera fórmula a primera vista parece algo confusa, pero si significado puede ser explicado con facilidad. Esta dice: “en el estado de naturaleza caída, parta ganarse un mérito o para perderlo, no es necesario que el hombre esté libre de necesidad; estar libre de la obligación es suficiente. El trasfondo teológico es el mismo discutido anteriormente, si se actúa por propia voluntad, inevitablemente corrupta después de la calamidad del pecado original, nunca elegimos entre el bien y el mal, si hacemos cualquiera de los dos lo hacemos de forma necesaria pero no estamos obligados.

La obligación ocurre cuando yo hago algo que yo no quiero hacer, va contra mi voluntad. Si hago algo es porque quiero y soy libre; como lo decía santo Tomás: la simple necesidad de voluntad no contradice la libertad. La libertad no es solo de la obligación, sino de la necesidad voluntaria inmutable, o sea, su libertad es indiferente (al bien o al mal). De acuerdo con Agustín, la voluntad, es decir, la libertad, no se encuentra en oposición a la necesidad, sino a la naturaleza. Entonces nuestro poder de hacer, se hace libremente; por lo tanto el libre albedrío es perfectamente compatible con la acción de la gracia eficaz: la gracia eficaz permite que nuestra voluntad tanga el libre albedrío de hacer esto y no aquello.

La cuarta fórmula: “los semipelagios admitieron la necesidad de una gracia interna previa para todas las acciones específicas, incluyendo el principio de la fe, y eran herejes porque querían que esta gracia fuera tal que la voluntad humana pudiera resistirla u obedecerle”. Es herético suponer que está en nuestro poder elegir aceptar o rechazar la gracia. Un comentario de San Agustín, entre los miles citados por Jansen, resuelve el tema: al recompensar a sus criaturas humanas, Dios galardona sus propios dones. Aunque Adán antes de la Caída no podía hacer sin gracia, era capaz de tener mérito por la fuerza de su propio libre albedrío. Dios quería salvar a todos y por eso no sólo dio libre albedrío, sino la buena voluntad, la caridad y la ayuda e la perseverancia.

La cuestión no es si hay en nosotros un potencial para revelarnos contra Dios, sino en si podemos hacerlo con éxito, de tal modo que la voluntad de Dios, presentada en su gracia, quede frustrada por la resistencia humana. De acuerdo con Agustín y Jansen, la gracia es enteramente gratuita y recobra a algunos por misericordia, a pesar de sus crímenes, y es negada o otros por justicia, funciona después de la caída. Al imputar Dios buenas acciones, ya la gracia no puede ser frustrada, pues Dios después de la caída sigue salvando.

La quinta fórmula al parecer puede estar independiente de las otras cuatro, pero expresa la doctrina de la predestinación. Dice: “Es semipelagiano decir que Cristo murió o derramó su sangre por todos los hombres en general”. la censura con que acaba la bula añade: decir tal es falso, insolente, escandaloso, y sin la intensión del significado, es decir que Cristo murió sólo por los predestinados, es impío, blasfemo, insultante a la piedad divina y por tanto es herético. Al parecer todo conocían las palabras de Pablo: Dios quiere salvar a todas las personas (2 Tim 2,4-5), Dios no es sólo Dios de los judíos, sino también el de los gentiles (Rom 3,29). Esto significa que el valor de su sacrificio es suficiente para salvar a todos, pero no funciona de forma eficaz para todos.

Los jansenistas se reconfortaron con la propuesta del Papa y pidieron que se confirmara que las enseñanzas de Agustín sobre la gracia eficaz, no se afectaron con la bula, a esto responde el Pontífice “O, questo é certo”. Ningún Papa hubiera admitido en público que él había señalado a Agustín como autor de una herejía. Jurieu afirma que el Papa no entendió lo discutido, pus lo que interesaba en Roma eran los conocimientos de derecho canónico, y no de teología. Para evitar la excomunión, los jansenistas aceptan la bula y alterar su significado de tal manera que su sentido aparente se evapora de forma milagrosa y quedara fácil de condenar, porque tal como repetían incesantemente, nadie defendía semejante herejía.

Para Voltaire, es una disputa al igual que las teológicas, simplemente era un tema de ridículo, las riñas insensatas de unos fanáticos, pero lo suficientemente justo como para culpar ambas partes. La solución a que se llegó sorteaba la cuestión: el Papa había sido desorientado por los jesuitas, haciéndole creer que las declaraciones heréticas habían sido extraídas del Augustinus. Pascal dice que no hay ninguna diferencia en condenar la doctrina de Jansen sobre las cinco fórmulas y condenar la gracia eficaz, a san Agustín, y a san Pablo. Se ha argumentado que tanto los papas, jesuitas y calvinistas acertaban en lo que se refiere e cuestiones prácticas: las cinco fórmulas resumían muy bien el sentido de Agustinus, con razón los jansenistas reclamaban con justicia que Augustinus era en su totalidad fiel a su título.

4. Conclusiones:
Ya para finalizar según José Uriel Patiño, el jansenismo atormentó las conciencias católicas durante tres siglos, por aquello de la controversia de auxiliis con aspectos dogmáticos, morales y eclesiales realizada entre el rigorismo y el probabilismo. Además, es un tema que viene desde la antigüedad cristiana, cuando se polemizó sobre la gracia. Cuando se habla del jansenismo en sentido estricto se refiere al campo teológico, la doctrina escrita en el Augustinus y a los que la Iglesia dice sobre él; en sentido amplio es un fenómeno histórico que comprende diferentes campos sociales y eclesiales en Francia, España e Italia.

Aún queda tela por contar, pues es un tema muy amplio, sólo he querido centrarme un poco en la batalla que se dio entre jesuitas y jansenistas del siglo XVII, y decir algo con respecto a la confrontación de la gracia divina con el albedrío humano.

CITAS:

[1] MENÉNDEZ Marcelino y Pelayo. Historia de los heterodoxos españoles. Tomo VI. Emecé editores, S.A. Buenos Aires.
[2] Cfr KOLAKOWSKI Leszek. Dios no nos debe nada. Un breve comentario sobre la religión de Pascal y el espíritu del jansenismo. Editorial Herder, Barcelona.
[3] Ibís, p.13
[4] Ibíd., p.14
[5] Ibíd.,p.18.

LA MISIÓN EN LA IGLESIA ACTUAL

La Iglesia tiene el deber, a la par que el derecho sagrado de evangelizar, acontecimientos de la historia del mundo.

Existe hoy cierta ambigüedad respecto a la palabra misión. A veces parece tener un significado algo limitado referido mayormente al trabajo en las misiones en el extranjero. En otras ocasiones, y respecto a otras personas, su significado es más amplio; en este caso, se refiere no tanto a un trabajo especial, sino al sentido de haber sido llamado para emprender alguna actividad importante, junto con la voluntad de ir más allá de lo conocido y trabajar en una nueva frontera, fuera de las estructuras establecidas.

A través de la historia la misión en la Iglesia se ha venido consolidando en ambientes y lugres geográficos donde casi la mirada de la sociedad no ve.





La evangelización en América Latina se ha transformado en las realidades humanas desde la época que fuimos colonizados, la obtención de nuestras tierras y la conquista de nuestro espacio en el mundo desde la visión española ya ha cambiado.

Ahora somos sujetos con rostro concreto en la historia de salvación venida de Dios para hacer realidad el Reino de Dios dentro de la misión misma de la Iglesia.






Hay dos aspectos básicos del concepto misión: la misión de Dios y la misión de la Iglesia. La primera tiene que ver con el envío y la misión del Espíritu Santo y el envío y el trabajo de Jesús en el mundo. La misión de la Iglesia, enraizada en el Nuevo Testamento, se desarrolló a través de los siglos y, por lo tanto, cuando queremos evaluarla no encontramos respuestas fáciles en la Biblia.

Existen desafíos que tienen que ver con el personal misionero extranjero. Durante unos cien años atrás, un gran número de misioneros vino de los países de tradición misionera, Europa, para trabajar en las iglesias jóvenes de otros continentes. Durante la última generación ha habido un descenso dramático en el número de estos misioneros extranjeros y el perfil de su edad ha cambiado mucho. El resultado es que su edad media está subiendo con mucha rapidez, de tal forma que, si siguen las mismas tendencias, en menos de dos décadas habrá muy pocos de estos misioneros activos.

De igual manera en mi contexto latinoamericano, la misión tiene su rostro propio que se encarna en las culturas rurales y urbanas, los contextos de guerra y opresión hace que sean pocas las personas cristianas que son comprometidas con el Reino de Dios y ellos hacen mucho peso en ante los males del mundo para denunciarlos y anunciar la esperanza, esto denota una pastoral teológica comprometida en el camino pedregoso de la renovación que necesita la iglesia, los grupos católicos son los que necesitan ahora más profesionalización e interdisciplinariedad en diferentes ciencias humanas para atender critica y analíticamente las problemáticas socioculturales y religiosas del mundo a la luz de la esperanza vivificadora del Reino que libera en reflexión de lo que necesita la iglesia para el futuro.

La misión en la Iglesia debe estar atenta a los signos de los tiempo con posturas claras en las cuestiones culturales, políticas, económicas y religiosas en las que se mueve el pueblos contemporáneos, el tema de la inculturación en los contextos sociales deja ver que la radicalidad por la que tiene que ir la Iglesia de nuestro tiempo.

La manifestación de la misión proporcionaría a cada uno de nosotros una identidad fundamental en la auto-identificación del ser situado en la realidad existente. Pues busca la ontología de Dios que se desemboca e la reflexión de la realidad, tratando de generar acción en un tiempo y espacio concreto de la acción evangelizadora del mundo.

La meta de esta reflexión es ayudarnos a entender y continuar la misión fundamental de Jesús, reconociendo y apoyándonos a la vez en las formas múltiples de la acción del Espíritu Santo que trabaja en el mundo desde su principio y que sigue inspirándonos y dándonos su apoyo de momento a momento. Esperamos que se clarifique lo que significa vivir el espíritu misionero durante un período en que tanto la empresa misionera tradicional sufre un desafío serio, como también nuevas oportunidades para la misión aparecen por todos lados.







La preferencia de la Misión es por esas personas que sufren las exclusiones de la sociedad en carne y hueso, Los principios y derechos de la sociedad en países pobres o tercermundistas, son cada vez más violados y negados, el sistema dominante del mundo actúa sobre las sociedades con automatismo verbal y mental que no deja ver la cruda desnudez de los hechos reales, pues, las democracias que dominan las políticas y economías de un país, intervienen a favor de los que tienen más para ir en contra de los menos, generando así, decadencia y perdida absoluta en el sentido del ser humano en el mundo. Es un poder de Estados y Gobiernos que capitalizan todo sin tener en cuenta el rostro humano, son países desarrollados que necesitan de los subdesarrollados para hacer sentir su fuerza con culturas, industrias y políticas impositivas. En Latinoamérica, han existido Gobiernos que oyen a mucha gente gritar por sus derechos demandando una vida más justa, pero ellos gritan más fuerte con soberbia y, tapan con cañones sus oídos, la gente busca trabajo digno pero los poderosos compran y venden cuerpos sinvergüenzas. La gente aniquilada y humillada lucha y tiene esperanza de vida pero el mal gobierno oferta muerte y destrucción.

Sin duda alguna la teología aparece como un discurso centrado en un determinado espacio y momento social, político, cultural, económico y religioso, pues ella, la teología en general, se propone no simplemente en dar un discurso liberador, sino que precisamente se hace comprender así misma como servidora misionera ante los problemas coyunturales de injusticia en las victimas que son producto del sistema de poder mundial. Entonces, se tiene que hablar de una reflexión teológica misionera transformadora y liberadora, teniendo en cuenta los niveles de análisis sociales en el mundo y en la historia.


Esta realidad presenta un cuadro dramático; desmoralizante en los ambientes sociopolíticos, culturales, económicos y religiosos en Latinoamérica, ante esto, surge el método de acción y reflexión en medio de la misión teológica que se interesa por apropiarse éticamente de los hechos de opresión y clamor de la gente que buscan transformación y liberación. Es estar en favor de las victimas del sistema capitalista y neoliberal, pues aquí, en el concreto histórico se revela Dios y actúa eficazmente con el pueblo sufriente; permitiendo que éste, el pueblo, realice un análisis profundo, sistemático y organizado su realidad histórica y momento existencial, en medio de las vicisitudes reales de los ambientes humanos.







OPTAR SIEMPRE POR LA MISIÓN EN LOS QUE MÁS SUFREN.